Cuando era muy pequeña, unos 4 o 5 años, quería ayudar a mi abuelo en la casa de campo que tenemos; no recuerdo si en el huerto o en alguna tarea de bricolaje que hacían. A mi primo, que solamente me lleva 20 días, le dejó. A mí me dijo que no porque era una niña y me iba a ensuciar las manos.

Años más tarde, cogíamos un taxi mi madre, otra vez mi primo (no sé cómo no acabé odiándole) y yo. Yo quería ir de copiloto pero tampoco pudo ser, tenía que ir él porque era el hombre (hombrecillo pues apenas tendríamos 9 años).

Y poco después, con 10 años aproximadamente, le echaba un discurso feminista a mi madre en el coche. Mis recursos en aquella época eran mucho más limitados que ahora, claro, así que básicamente le repetía consignas básicas de que todos somos iguales, que tenemos que tener los mismos derechos, y esas cosas. Su frase apabullante fue “¿cómo vamos a ser iguales si nosotras tenemos un agujero y ellos un palo?”. Recuerdo quedarme en shock, incapaz de responder. Me decepcionó, me horrorizó que alguien (y encima mi madre) redujera la igualdad de género a una cuestión de genitalidad pura y dura. Más tarde me di cuenta de que mi madre no iba tan desencaminada ya que su argumento sustentaba el pensamiento de muchísimas personas.

Con este historial solo tenía dos opciones: convertirme en una machista reprimida o en una pesada feminista. Hice lo segundo, claro. En el colegio me enfadaba cuando no me dejaban cargar con mesas porque “te vas a romper las uñas” y me indignaba y le llevaba la contraria a la profesora cuando decía eso de “yo no soy feminista porque no creo que las mujeres sean mejores que los hombres” (¿cuántas veces habré escuchado esta frase en mi vida?).

Y la verdad que no he cambiado ni un poco. Bueno, sí, ahora estoy más informada, ahora mi discurso es mucho más complejo y también más radical que entonces. Para mí frases como “la revolución será feminista o no será” son básicas. Todo lo veo bajo ese prisma. Reconozco estar absolutamente obsesionada con el feminismo (y quien dice feminismo dice algo más amplio: teoría queer, postpornografía, despatologización trans, estudios de sexualidad, derechos LGTBQI…), no perder oportunidad de leer todo lo que pille sobre el tema y meter baza cuanto pueda.

En fin, y como aún me queda muchísimo por aprender… quién pudiera tener mucho dinero y una librería enorme repleta de teorías sobre feminismo y sexualidad. Por ahora y si a alguien le interesa le recomiendo lo que más me ha gustado sobre el tema hasta ahora: “Manifiesto contrasexual” y “Testo yonqui” de Beatriz Preciado; “Teoría King Kong” de Virginie Despentes; “El postporno era eso” de María Llopis y “Deshacer el género” de Judith Butler.

P.D: Entre este post y el anterior, como siga así seré la gruñona de la blogosfera, menos mal que me leen 4 gatos.

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