Ayer me tragaba todos estos vídeos que salieron hace poco en los que unos jóvenes católicos hablan sobre la homosexualidad, la píldora, el uso del preservativo, etc.

Y uno de ellos consiguió hacerme pensar. Hablaba sobre el divorcio, y un chico decía que si en las iglesias hubiera dos ventanillas, una para casarse sin poder divorciarse luego, y otra con posibilidad de hacerlo, sería muy cutre elegir esta última. Empezar algo asumiendo que puede ir mal. Yo no estoy de acuerdo con ese chico y por supuesto no eliminaría la posibilidad del divorcio, porque siendo realista las cosas pueden acabar yendo mal por muy bien que empiecen o mucho empeño que pongas. Pero sí creo que, es verdad, no pueden hacerse a veces las cosas con dudas o con medias tintas o no saldrán bien. Y me siento un poco antigua, pero creo que el compromiso es importante. Entendiéndolo no como tener que aguantar a alguien aunque no quieras, más bien como la voluntad de que dure para siempre y los pasos que vas dando para que eso ocurra. El hecho de no empezar con mil dudas, porque a veces eso es un poco como una profecía autocumplida. El hecho de hacer esfuerzos, porque a veces queremos las cosas de una manera y cuando no salen bien pataleamos y realmente no hemos dado nada por conseguirlas. Tiene que existir ese punto de idealismo por un lado, de pensar que las cosas irán bien, y de esfuerzo y de no tener miedo, a ceder en algunas cosas, a entregarte un poco a esa persona.

Cualquiera diría que a mí me ha funcionado. Y no. Pero me parece lo ideal, aunque quizás mi entrada suene también a catequista.

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