Yo soy, lo que se diría, una “inmovilista musical”. Vamos, todo lo contrario a esa gente que día sí, día también descubre nuevos grupos y que siempre está a la última (y que te preguntas cómo lo hacen). Yo no, yo voy siempre con retraso y reivindicando grupos y discos de años atrás. Soy la que descubre canciones y se entusiasma con ellas cuando ya están quemadas para el resto. La que tiene este tipo de conversaciones:

Yo (exaltada): ¿¿¿Has escuchado “Tú, Garfunkel” de The New Raemon???
El Otro (alucinando): Eh, sí… (esa y todos los CDs que han salido después).

Así me pasa que llevo escuchando prácticamente la misma música desde que era adolescente. Es verdad que algunos grupos los voy dejando ir por el camino, que mi gusto evoluciona aunque sea lentamente, pero música nueva… poca. Ahora con el Spotify (¡¡¡bendito seas!!!) me estoy curando, más o menos, la pereza de ir buscando, y me asombro a mí misma de cómo de repente conozco muchos más nombres que antes, y algunos en inglés (que es mi asignatura musical pendiente desde siempre). Pero, igualmente, para que un grupo pase a formar parte de ese olimpo particular de la música de tu vida, tiene que haber algo más.

Y es curiosa, a veces, la manera en la que asociamos la música a momentos de nuestra vida, o a las personas que pasan por ella. Por ejemplo, cuando escucho “Seguramente me lo merezco” de Tulsa me acuerdo a menudo de una compañera de clase. Solamente hemos cruzado un par de frases, no sé si le gusta Tulsa y ni siquiera sé sus gustos musicales, en general, pero no sé por qué tengo el presentimiento de que la canción le gustaría y, quizás, de que incluso se sentiría identificada, como yo. Y cuando identificas a alguien con una canción, es imposible remover ese lazo. Es algo mucho más fuerte de lo buena, o lo mala, que sea una canción, porque todos tenemos canciones malas que cuando escuchamos nos tocan la fibra.

Y al final todo forma un enjambre de sentimientos, de canciones que no quieres volver a escuchar porque te recuerdan malos momentos, canciones que comienzas a entender cuando las vives, canciones que de repente dejan de recordarte a alguien para pertenecer a otra persona, canciones (todas) que sientes que, de manera casi mágica, cuentan fragmentos de tu historia.

Y como no podía dejar precisamente este post sin canción… Dënver, el último grupo que he conocido y que me ha ganado de golpe.

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